El estrés psicológico está directamente relacionado con el dolor de espalda.

Dolor de espalda y estrés

Estrés y dolor

Nuestro cerebro forma parte de nuestro cuerpo y dentro de él ocurren cosas, muchas cosas. Entre otras genera estrés.

El estrés forma parte de todos los seres vivos y gracias a él, hemos sobrevivido como especie hasta el día de hoy (no sabemos que puede ocurrir mañana).

En nuestra época primitiva, era un mecanismo que nos servía para prepararnos para la lucha o la huida ante cualquier peligro. Actualmente es bueno en cierta cantidad y ante ciertas circunstancias, como por ejemplo una competición deportiva, una circunstancia de peligro vital, etc.

El problema surge cuando generamos estrés ante una circunstancia en la que no cabe ni la lucha, ni la huida como pueda ser unas obligaciones laborales desmedidas, una deuda bancaria a la que no podemos hacer frente, la muerte de un ser querido, la ruptura de pareja, etc. Ante estas circunstancias nuestro cuerpo se prepara para una situación de lucha o huida, situación que no se da.

No hay lucha o huida, pero el cerebro ya ha mandado la orden para que se liberen al torrente sanguíneo las hormonas encargadas de preparar al organismo ante el peligro, aumenta el ritmo cardiaco para asegurarnos un mayor aporte de oxígeno, aumenta el tono muscular etc.

Al no haber amenaza física alguna, nos quedamos con esa sensación de tensión y una cantidad considerable de hormonas que no han podido cumplir su misión pero que no se disuelven y se quedan estancadas en nuestro organismo.

También es posible que pasemos a una fase de estrés agudo y que una vez éste pasa, haya una respuesta del organismo como consecuencia de la gran cantidad de tensión que ha tenido que acumular.

Tensión psicológica y dolor de espalda

El ser humano tiene la gran capacidad de la adaptación al medio, lo que se traduce en que cuando se enfrenta a una situación de estrés agudo, luchará para poder hacerle frente y salir victorioso. Pero algunas victorias tienen un precio.

Las respuestas del cuerpo serán diferentes si la demanda de adaptación (estrés) es única o hay varias a la vez, o son repetitivas y continuas. Si la demanda es continua y repetitiva, deja paso a un estado de resistencia o de adaptación. Cuando esto sucede, en muchas ocasiones parece que tenemos más capacidad para hacer frente al estrés original, pero esto se consigue a expensas de la capacidad de hacer frente a otras tensiones.

Está demostrado que cuando existen una serie de factores estresantes al mismo tiempo, se desencadena una reacción de alarma, aunque uno solo de esos factores no habría tenido ese efecto.

Por ejemplo, el caso de una persona que intenta realizar varias tareas a la vez, esta sobrecargada física y emocionalmente y no duerme lo suficiente, además de saltarse alguna comida. Cada uno de esos factores podría afrontarse aisladamente sin ningún problema, pero cuando se dan todos al mismo tiempo se produce un aumento de la actividad simpática, ansiedad y un aumento de la sensibilidad, lo que producirá tarde o temprano un problema muscular y/o articular.

Si esta situación se alarga en el tiempo, que pueden ser incluso años, y dependiendo de la edad y del estado de la persona, llega una fase de colapso o agotamiento, es muy probable que se presente una lesión grave (lesión articular, hernia de disco, etc.)

Diversos estudios han demostrado científicamente que personas sometidas a una tensión psicológica registran en estado de reposo una actividad casi constante.

Soluciones

Lo ideal sería que las circunstancias estresantes se minimizaran. Quiero decir con ello que en lugar de tener que luchar contra varios enemigos a la vez (agentes estresantes), éstos fueran apareciendo uno a uno. Pero por desgracia esto rara vez se da.

Solemos estar inmersos en diferentes batallas y les hacemos frente como buenamente podemos, o a veces tenemos una circunstancia de severo estrés (muerte de un ser querido, una separación, un despido de nuestro trabajo, etc.) Es importante tener un poco de planificación y no meternos tareas extra, que en el fondo sabemos que si podemos llevarlas a cabo será a costa de nuestra salud.

Si no podemos controlar los agentes estresantes que interfieren en nuestras vidas, podemos combatirlos de varias maneras:

Realizando un ejercicio físico acorde con nuestra edad, estado de salud y preferencias, pues forzarnos hacer una actividad física que no nos guste acaba inevitablemente el abandono de la misma.

– Practicando alguna actividad que baje nuestra actividad mental como puedan ser: relajación, respiración consciente, yoga,…

– Realizando algún tratamiento terapéutico paroicamente cómo masaje, osteopatía o tratamiento energético.

Todo lo explicado anteriormente sirve tanto por separado, como si se necesita combinar alguna de ellas.

Recuerda, no dejes que el estrés te gane la batalla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.