Los riñones son los encargados de purificar la sangre. Las glándulas suprarrenales están situadas sobre los riñones y aparte de ayudar a éstos, fabrican adrenalina, hormona encargada de reaccionar en situaciones de crisis.

En terapia oriental se dice que los riñones controlan el miedo y el valor. Están considerados como unos de los órganos más importantes.

Cuando la energía de los riñones es débil, suele existir dolor en la parte baja de la espalda. Los riñones rigen los órganos sexuales, por lo cual influyen en el equilibrio hormonal y si su energía es baja, el impulso sexual también es débil.

También influyen en los huesos, riñones débiles conducen a enfermedades de los huesos como la osteoporosis o la facilidad para producirse fracturas. En el aspecto psicológico, las personas con unos riñones débiles suelen sufrir de ansiedad y miedo permanentes.

Las personas con un exceso de energía de riñón son nerviosas, ambiciosas y perfeccionistas y están motivadas por el miedo al fracaso o por la sensación de que les va a pasar algo malo.

El bazo limpia la sangre de células dañadas o destruidas. Interviene en la infusión de células inmunitarias en el torrente sanguíneo y es esencial para la correcta digestión porque nutre al estómago y al intestino grueso con ki o fuerza vital.

Cuando la energía del bazo es débil, las mujeres son propensas a sufrir problemas menstruales y los hombres, de impotencia. La persona sufre de mala digestión, acidez gástrica crónica y propensión a los resfriados. En el aspecto psicológico, es posible que la persona se obsesione con los detalles, tenga una actividad mental excesiva (se come el coco) y quizás sea excesivamente compasiva.

Cuando el bazo tiene un exceso de energía, el estómago tiende a estar ácido, sensible y nervioso, hay pesadez en las piernas y un ansia constante de dulces, lo que a su vez puede provocar hipoglucemia. Debido a esto, puede que sufra grandes cambios en su nivel de energía, lo que provoque también mal humor. Además la persona puede tender a tener una excesiva compasión para sí misma y para los demás.

Por Víctor Manuel Castillo de Manos que Curan